
"-¿A qué no sabes lo que voy a ser cuando sea mayor?"
George negó cabizbajo, sumido en sus pensamientos.
"-Pureta, como mi padre"
Siguió sin levantar la cabeza, con la mirada perdida.
"-¿Y tú?"
Esta vez, su penetrante mirada teñida de un matiz nostálgico,
atravesó al muchacho que se hallaba sentado a su lado.
"-Nigromante..."-susurró, con determinación.
Su compañero abrió los ojos de par en par, asombrado.
-"Pero...esos temibles brujos habitan en La Comarca, liderados
por el rey Esaurón..."
George vaciló antes de volver a hablar.
"-¿Sabes? Hace dos años, a mi pequeña hermana Ade se la llevaron los
siervos de Esaurón, con el pretexto de convertirla en una dama de la corte...
A George se le oscureció la mirada mientras relataba.
"-Nunca más volvimos a saber de ella..."-prosiguió.
Su amigo se encontraba estupefacto, junto a él.
"-Cuando haya adquirido todo el poder de la magia oscura, me enfrentaré
a ese malnacido de Esaurón, y recuperaré lo que es mío..."
El muchacho, que le observaba ahora con admiración, le ofreció la mano,
con una franca sonrisa.
"-Estamos en esto juntos, para siempre..."-le prometió.
George le dedicó una media sonrisa, y estrechando la mano de aquel
risueño joven, murmuró:
-Gracias, Josema...
George se despertó empapado en sudor, gimiendo angustiado.
Josema.Josema.Josema.
Aquel nombre repiqueteaba en su cabeza una y otra vez.
Una vez en pie, alargó la mano para coger su fular de mago, y
se asomó a un gran ventanuco dispuesto en medio de su habitación.
La noche era clara, aunque las oscuras nubes cargadas de siniestros
presagios amenazaban con cubrir todo el cielo.
Hacía dos lunas que no conseguía pegar ojo debido a las constantes
pesadillas que le atormentaban.
La culpa le roía las entrañas y la pesadumbre se enroscaba en su
solitaria alma.
No podía continuar así.No.
"-No más mentiras."-pensó.
Y al momento se preparó para su inevitable destino, del cual llevaba
demasiado tiempo huyendo.
-¡No nos hagais nada!-gritaba Ratataco, tapándose el rostro con ambas
manos-¡Tengo familia e hijos!¡Y una piscina tóh apañá!.
-¿Cómo que hijos?-pregunté, mirándolo extrañada.
-...¡Podéis comeros a mi gata Margarita...!-continuaba chillando.
Zambrano, quien se había dado cuenta de que éramos nosotros, a pesar
de nuestros extraños atuendos a lo monje cluniescense, suspiró con paciencia.
-Déjadle, es un teatrero...
-¡Bendito sea!-murmuró Ratataco, que dejó de cubrirse la cara y nos miró,
sorprendido-¿Pero qué hacéis vosotros aquí?
- Pues nada, que venimos a renovarnos el DNI...-respondió Jersi, con sorna.
-¿En serio? Pues debería aprovechar y renovármelo yo también...-pensó
el muchacho, quien a pesar de parecer bastante inteligente, era un poco cortito
de mente.
-¡Lo mato!¡Lo maaaaato!-vociferó Jersi, agarrándolo por el cuello de forma
violenta.
Todos colaborábamos ahora por separar a la agresiva Jersi de Ratataco,
que sollozaba un tanto asustado.
-¡Vale ya!-sentenció Boniato-¡Tenemos que estar unidos en estos momentos!
Callamos todos, recordando nuestro objetivo, y dándonos cuenta del peligro
que corríamos allá adentro.
-Este es Boniato, mago y defensor de un puente perdío allí por mitá er camino-
explicaba Jersi, señalando a dicho mago-Y este...Bueno, digamos que es un
alhendinense de pura cepa, que no hace otra cosa que fumar porros y decir
tonterías-terminó de presentar-Todos lo conocen como el Huertín.
El Huertín observó a Ratataco con lascivia, relamiéndose.
-Encantado, primo-saludó, estrechándole su sudorosa mano.
-Un placer-corroboró Boniato, atusándole el pelo a un Zambrano un tanto
perplejo.
Y así fue como nos pusimos a hablar sobre nuestras adversidades acontecidas
para llegar a La Comarca, olvidándonos por un instante de que nos
encontrábamos en territorio enemigo.
-Enternecedor...-dijo una potente voz.
De repente, todos menos Boniato, a quien no le llegaba la paga de mago para
agenciarse un buen sonotone, nos giramos hacia la puerta, donde se hallaba
el mismísimo Esaurón.
Su aspecto hubiera sido bastante siniestro, de no ser por sus zapatillas de estar
por casa con motivos florales.Él se dio cuenta de que nuestros ojos permancían
fijos en sus alpargatas, y enrojeciendo levemente nos explicó:
-Bueno...en este castillo hace mucho frío...Además, me habeis despertado de mi
dulce sueño reparador...¡Bueno, va! Pero ¿por que os tengo que dar yo
explicaciones?-gritó repentinamente-¡Prendedles!
Rodeados nos hallábamos de mugrientas y peludas criaturas con ojos
centelleantes, que irrumpieron en aquella habitación gorgoteando sin parar.
Y cuando parecía estar todo perdido , una figura envuelta en luz apareció en la
estancia, iluminándolo todo.
Lo último que llegamos a vislumbrar fue una larga barba de náufrago, antes de
caer en la oscuridad total.

No hay comentarios:
Publicar un comentario