
De nuevo, la luna se alzaba alta en el cielo.
Ahora puedo decir con seguridad que aquello
no era un sueño, aunque podría haberlo sido.
Me encantaba dejarme llevar por el ritmo psicodélico
de sus manos.Pero él nunca se dio cuenta de eso.
Pasando largas mañanas arinconada en un espacio
grisáceo, la noche era el único aliento de libertad
que me quedaba.Era cuestión de esperar.
Hizo falta una caja.Una simple caja para darme
cuenta de muchos errores.

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