-¿ Qué es aquello que mis ojos de alhendinense perciben?- preguntó
Ratataco, líder de los freakys de todo lo que vienen siendo los
alrededores de Alhendín.Entrecerrando los ojos, logré vislumbrar a una figura en movimiento.
-Pues yo no veo ná niñiah. Esto de que en la Tierra Media no existan
las lentillas es una birria-berreó una irritante vocecilla.
Ratataco y yo la observamos, sorprendidos.
-¡Jersi! ¿Qué haces aquí?-preguntamos al unísono.
-¡Que me he colao en la historia!¿Qué pasa?
-No no, nada nada. Sígamos pues- dijo el zancudo, haciéndose el loco.
Nos dirigimos hacia el lugar donde habíamos visto algo.
-¡Míralo! ¡Ahí está!- gritó Ratataco, sobresaltando a las dos féminas que
le acompañaban.
-¿Él que está?-pregunté algo confusa.
-¡Mira que perrito más mono!-rió él, mientras jugaba con un misterioso
perro lanudo que había aparecido de vete tú a saber donde.
Jersi bufó algo inentendible.
-A este bicho le hace faltica un buen pelao. Aunque mirándolo
detenidamente, me recuerda a mi Negro...-murmuró, observándo
al can con cierto aire nostálgico.(San Negro es el maromo de Jersi,
primo-hermano del león de Narnia).
-Paco, por dios...deja ya al perro, que tenemos que llegar a patita
hasta la casa de Zambrano, y vamos mal de tiempo- le rogué.
Cuando caí en la cuenta de que aquel chucho era un señuelo, y de que
mi futuro prometido corría peligro, era ya demasiado tarde.
- Ja Ja Ja...-rió el perro, con una siniestra voz,convirtiéndose en un
tiarrón con perilla.
Ratataco, anonadado, intentó reaccionar, pero el brujo fue mas rápido
y lo transformó en grillo, al cual metió en un tarro de Nutella.
-¡Paquitoh!-gritó Jersi, ya en vano.
-¿Qúe pretendes hacer con mi chorbo?-pregunté, histérica.
-Ja Ja Ja... Ya ha comenzado la casería. En la próxima luna llena
los elfos de Alhendín serán presentados ante el Rey Esaurón, y empezará
la ceremonia. Uno a uno iréis cayendo...-murmuró el tio de la perilla,
riéndose estruendosamente, a la vez que desaparecía con
un chasquido de dedos.
-Maldito seas...No dejaré que te agencies al padre de mis hijos...-juré sollozando.
-¿Qué hijos?¡Si tú eres una estrecha! ¡Anda, anda...!- exclamó Jersi.
-Bueno, de momento...-dije pensativa.
Me senté en un bordillo, a divagar.
-Y ahora...¿qué se supone que vamos a hacer?- me pregunté.
Jersi me puso la mano en la espalda, consolándome.
-Avisaremos a El Huertín y a San Negro- sentenció, sabiamente.
La miré, con la mirada cargada de esperanza, y rogándole a Roger
Waters que aquel brujo del demonio no encontrara al resto de mordorianos,
porque sino sería el fin para todos los habitantes de aquella región.

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