Nunca llegó a despedirse directamente de ella, y eso le dolió.
Él no se daba cuenta de lo que hacia, ni pretendía herirla,
pero cada vez que la sangre rozaba el final, ella no podía
evitar sentirse así.
Y sus ojos ya cansados de tanto trasnochar escupían
lágrimas de frustración, de rabia, de impotencia.
Un cristal los separaba cada noche, y aunque podía
verlo, no podía rozarlo, sentir su calor, abrazarlo
y perderse en su mirada caramelo.
Ella le pedía palabras de amor, y él sonreía, y le
dedicaba todo su aliento.
Mientras tanto, un joven psicodélico la instaba a
que lo acompañara a su mundo de sueños, de imágenes
poco nítidas, y de bonitos cuentos sin sentido.
Pero también estaba plagado de gatos siameses sin
escrúpulos, de brujas pelirrojas, y de amargura.
Sus sueños no fueron agradables aquella noche,
y se sintió patética por suplicarle a él que no se
marchara, y que durmiera junto a ella, sin un
cristal y sin unos cuantos kilómetros de por medio.

No me he enterado de mucho, pero me ha gustado (L).
ResponderEliminar¿Viste al final el video de "Draw with me" con la canción de la chica japonesa? :3