
Y ellos la obligaban una y otra vez a flexionar su débil cuerpecito,
sintiendo en lo más profundo de su alma que nunca lo conseguiría.
Sus agrietados labios besaban la húmeda hierba, para no volver
a separarse de ella.
Sus risas se oían aún más siniestras en aquella fría noche, pero ella
ya parecía estar acostumbrada a sus constantes y crueles burlas.
El más frío y calculador de todos se acercó a ella, agarrándola del
cabello y susurrándole al oído palabras sin sentido, siseos amenazantes,
escupiéndole con malicia.
-¿Me odiáis?-preguntó ella, en una ocasión.
Ellos soltaron unas estrepitosas carcajadas.
-Ni lo sueñes-respondió el más alto-Eres lo mejor que nos ha podido pasar.
-Te queremos, pequeña Floyd-confesó otro, enjugándose las lágrimas.
-Gracias a tí, tendremos a alguien a quien machacar durante todo el verano...
Floyd gimió, aterrada.Nunca debió de haber puesto un pie en aquel pútrido pueblo
olvidado.
-¡Dejadme!No puedo hacer lo que me pedís...-rogaba, con la esperanza de que se
apiadaran de ella.
Él volvió a acercarse a ella, esta vez sin hacer uso de la violencia.
-Sé que puedes...Piensa que si lo consigues, te daré lo que quieras...-le prometió.
Floyd abrió sus ojos azabaches, de par en par. Aquel joven estaba muy cerca de ella.
Podía notar su cálido aliento rozándole los labios, y eso le gustaba.
Dejó de experimentar dolor por un breve instante, y se centró en esa sensación, que
parecía enroscarse con avidez en su pecho.
El joven se separó lentamente de ella.Y sonrió.Aquello no podía ser más fácil.
-¿Lo que quiera?...-titubeó Floyd.
Volvieron a reir, esta vez con mayor intensidad.
-Lo que quieras...-contestó él, mientras en sus labios se formaba una media sonrisa.
Y ella le sonrió también, con dulzura.
Él la observó con atención, sorprendido.Había algo en aquella sonrisa...
Confuso, apartó bruscamente la mirada de ella, quebrando el contacto visual
del que tantas cosas había sentido durante un breve instante.
Floyd ya se preparaba de nuevo para lograr su objetivo, sin importar
cuantas veces errara y cuanto dolor sintiera.
Mientras trataba de flexionar de nuevo su esquelético cuerpo, recordó aquella acaramelada
mirada, y la dulzura que se ocultaba tras ella.

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