
Leiva apuró su último cigarrillo antes de volver a entrar en
aquel tugurio.
-¿Dónde coño te metes?-preguntó Rubén,de mala gana.
Él le dedicó una de sus medias sonrisas de colgado.
-Relajándome un poco...¡Tío!-su cara se contrajo en una
graciosa mueca-Este sitio huele peor que el baño de aquel
garito en Baires.¿Te acuerdas?-preguntó, juguetón.
Rubén bufó, totalmente resignado.
-Pues chico, ahora mismo no caigo...-le respondió,
fingiendo interés.
-¡Sí, hombre!¡El garito aquel de Power Pop! El baño donde
nos metimos a...-dijo Leiva, antes de que un Rubén, levemente
enrojecido, le tapara la boca con ambas manos.
-¿Te quieres callar de una puta vez?-lo amenazó en voz bajita.
Leiva sonrió maliciosamente.
-Eres tan jodidamente guapo cuando te enfadas...-le soltó,
zafándose de sus manos, para a continuación subir al
destartalado escenario que allí lo esperaba.
-¿Se me oye?-preguntó, acercando sus pequeños morritos
al micro.
Rubén puso los ojos en blanco, pero finalmente terminó por
reirse él también.Era imposible no hacerlo.
-Por desgracia sí-respondió, dándole una suave colleja a
su lánguido compañero.
Leiva lo observó con ternura, deseando poder abrazarlo
durante un breve instante.
Aquella noche, los dos amigos lo dieron todo en el interior
del garito.
"Tocan como los ángeles"-comentaba una chiquilla una vez
terminado el concierto.
"¿Perdón?¡Pero si parecía una pelea de grillos!-vociferaba
su acompañante, algo malhumorado. Aquellos dos colgados
hacían suspirar a su novia.¡Eso ya era demasiado!
Montones de quinceañeras se arremolinaban en torno al escenario,
esperando a que sus ídolos hicieran acto de presencia y comenzaran
a firmar autógrafos.
Pero Rubén y Leiva ya habían cumplido.Ambos se encontraban
en el backstage, roncando como dos rinocerontes en celo.
Por debajo de la manta en la cual se hallaban entrelazados,
la mano de Leiva yacía sobre la de Rubén, quién no hizo
ademán de apartarla en ningún momento.

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